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Netflix es de izquierdas y Amazon de derechas

Escrito por Gerard Cassadó 16 de febrero del 2021

Tradicionalmente, no nos ha sido muy difícil saber qué ideología trataban de vendernos los medios de comunicación. Bastaba con ver el enfoque de los titulares de un periódico, o el tono de un informativo de televisión, para ubicarlos políticamente a un lado u otro del espectro. Nadie duda de que La Sexta es una cadena para audiencias progresistas, mientras que el público de Antena 3 es más conservador, aunque ambas cadenas pertenezcan al mismo grupo de comunicación. Pero, ¿qué ocurre con las plataformas de streaming? ¿Están libres de ideología?

Lógicamente no. Y aunque el titular de este artículo es sin duda tendencioso, sí responde a una sensación real que uno puede tener al ver qué comunican y a qué segmento de audiencia se dirigen Netflix y Amazon en su interacción con el público. En la elección de sus contenidos y adquisiciones, y de sus producciones originales, uno puede hacerse a la idea de qué línea editorial quiere seguir una u otra plataforma. Pero es en las redes sociales, donde el riesgo suele ser mayor y el mensaje más inequívoco, donde podemos advertir la existencia de una cierta ideología.

A LAS BARRICADAS

Netflix ha rebajado un poco el tono agresivo, casi temerario, de las campañas de marketing con las que se estableció en nuestro país. La empresa que colgó una lona enorme en San Sebastián donde podía leerse “Fe de etarras” (en relación al título de una de sus películas, una comedia sobre un comando de ETA), o que utilizó las imágenes de las cargas policiales del 1 de octubre de 2017 en Catalunya para promocionar el estreno de una nueva temporada de “Black Mirror”, anda últimamente más precavida en sus provocaciones. Ello no es obstáculo para que podamos afirmar que Netflix, a diferencia de la mayoría de grupos de comunicación en España, es una plataforma de contenidos progresista. Allí está la insobornable diversidad (racial, sexual…) en sus producciones originales, su defensa en favor de los derechos civiles y de la protección de las minorías.

Un ejemplo bastante elocuente lo encontramos en la campaña de social media que lanzó antes de las últimas navidades, muy pocos días después de que la periodista y activista lesbiana Irantzu Varela fuese víctima de una agresión homófoba en Basauri. La inmediatez con la que Netflix reaccionó proponiéndole un vídeo en contra de que las mujeres tengan que hacerse cargo de todas las tareas domésticas durante las Navidades fue sorprendente. No tanto las respuestas furiosas de los trolls de derechas en Twitter. Pero a Netflix, que ha sobrevivido a decenas de boicots desde su llegada a España sin parar de aumentar su número de suscriptores, parece importarle más bien poco el rechazo de aquellos que no comulgan con su ideal de sociedad.

NO PASARÁN

El caso de Amazon Prime Video es también llamativo. A la plataforma le está costando horrores crearse una identidad. Parece dar bandazos de aquí para allá y su línea editorial es tan desordenada como su catálogo, en el que caben muchas cosas, pero apiladas sin sentido las unas sobre las otras. En esa crisis de identidad, Amazon ha sorprendido con ciertas elecciones que parecen dirigidas a un target opuesto al de Netflix. Ya no hablamos de su afán por los documentales deportivos (piedra angular del proyecto en nuestro país), de que Sergio Ramos fuese el protagonista de su primer “originals” en España o de que el preestreno de series de Mediaset (como “La que se avecina” o “El pueblo”) hayan sostenido el catálogo de novedades durante mucho tiempo. Se trata más bien del lanzamiento de algunas producciones originales como el documental “Leonor. El futuro de la monarquía renovada”, estrenado en el momento más bajo de popularidad de la monarquía en España; la serie sobre “El Cid” (leyenda de esa España mítica perdida en la que se sustenta la extrema derecha) o el proyecto futuro de biopic sobre Amancio Ortega que protagonizará Javier Gutiérrez.

El progresismo de Netflix es una operación de marketing, y el conservadurismo de Amazon parece más un despiste.

Lo curioso del caso es que la serie sobre el Cid Campeador acabó enfadando a su audiencia potencial porque contenía una revisión en clave feminista de aquellos tiempos de capa y espada, lo que no deja de ser síntoma evidente de que Amazon tiene un cacao importante alrededor de su propia identidad. Si en noviembre estrenaba por sorpresa el documental sobre la Princesa de Asturias, hace apenas unos días promocionaba el estreno de “El internado: Las Cumbres” con un chascarrillo sobre su viaje de estudios a Gales que tanta polvareda ha levantado entre la ciudadanía republicana. Tampoco Los Vengamonjas, protagonistas de la mejor campaña de Prime Video hasta la fecha, parecen las celebridades más indicadas para abrazar a esa audiencia que se siente cómoda entre comedias de Santiago Segura y documentales monárquicos. Pero ahí Amazon “mordió el anzuelo”.

Quizás todo ello responde a una certeza incuestionable: el progresismo de Netflix es una operación de márqueting, y el conservadurismo de Amazon un despiste. Pero el interés de estas dos plataformas, y todas las demás, es meramente pecuniario. Netflix se deja llevar por la corriente y no le va mal. Prime Video andaba despistado contra el viento, pero parece entonarse poco a poco. Aquí no se venden dogmas de fe; tan solo suscripciones.