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It’s a Sin

No estábamos PrEP-arados para soñar

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Escrito por Javier Acevedo
el 24 de enero del 2021

De qué va

Imagina ser joven en el Londres de los 80: bailar al ritmo de los Pet Shop Boys mientras mandas a la mierda a Thatcher, apurar cada segundo de la noche mientras piensas que tu casa está a cientos de kilómetros, ser tú mismo y parar de construir una ficción alrededor del bulto de tus jeans, dejar de esperar el perdón de tus padres por crucificarte con glitter y fluidos en baños de cuchitriles, abrir Popper y tiritar de deseo porque todas tus noches parecen la última que seguirás teniendo sueños. Eso es lo que viven Ritchie, Ash, Roscoe y Colin. Cuatro jóvenes gays que a falta de Grindr experimentan con sus cuerpos sabiendo que todo el mundo es su enemigo y que a todo el mundo le gustaría ser como ellos. Padres que miden sus días en latas, homófobos parlamentarios y médicos que miden lo maricas que son en cuestionarios morales; y, sin embargo, su amenaza es una enfermedad que los mata por ser quienes son. Su amiga Jill verá cómo esa enfermedad acribilla a sus mejores amigos, pero también la forma en la que una pandemia silenciada cercenó las expectativas de una generación que se atrevió a ser en lugar de parecer.

Nombres propios

Desde hace unos años, se ha establecido un mainstream queer en el audiovisual que ha conducido a la creación de productos de entretenimiento masivos que muestren la identidad de una comunidad que, por fin, parece que no es minoría. El problema de este mainstream es que su estandarización suele responder más a una necesidad de ser aceptado (el estigma eterno) por el canon heteronormativo en lugar de vertebrar una disidencia discursiva real. El gran Russell T. Davies ya demostró qué se podía hacer con su trilogía “Cucumber”, “Banana” y “Tofu”, una divertidísima visión de la cultura sexual que parecía un tutorial cuqui encargado por la tienda erótica Platanomelón. Con “It's a Sin” sacrifica mala leche y articula una narrativa queer mainstream que incurre en la nada novedosa bajeza dramática o “complejo Philadelphia”: qué duro es ser gay. Someter a sus personajes a un Viacrucis lleno de lágrimas y erupciones cutáneas lleva a momentos de activismo memético, es decir, pequeños gags reivindicativos con la misma viralidad y vida efímera que el enésimo meme de Twitter. Asimismo, que estos personajes —todos actores homosexuales por decisión del creador— parezcan salidos de la eugenesia y el body shaming de los filtros de Grindr —un “Imagina ser Marica” para quienes Grindr le suene a juego de Nintendo DS— tampoco ayuda. ¿Por qué salvarla entonces? Porque esos mismos actores se dejan la piel, porque quien mas quien menos se emocionará con cada conflicto familiar, porque sus dos últimos capítulos son lo que se podía esperar y porque, digámoslo, siempre será mejor consumir este tipo de mainstream que la enésima comedia romántica o ciclo de cine programado por señores cuyo ideal sentimental es la Beatriz de Dante.

Te gustará si te gusta

  • “Looking”, la obra maestra de Andrew Haigh que es lo único que deberías ver.
  • La ya mencionada trilogía previa de Russell T. Davies: “Cucumber”, “Banana” y “Tofu”.
  • “The Bisexual”, “Todo es una mierda”, “Sense8” y sigue la lista de títulos que van más allá de los estigmas en la identidad sexual.
  • Comprobar que la brutal “Oranges Are Not the Only Fruit” no solo no ha envejecido, sino que es más moderna que la mayoría de discursos actuales.

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Año de producción 2021 Duración 45m País de producción Reino Unido Géneros Cine Europeo, Comedia, Drama